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Cuando lo cotidiano se vuelve un caos

  • 23 jun 2025
  • 3 Min. de lectura

Era otro día en la ciudad de Loja y las clases llamaban a la puerta. Ivanna se alistaba lo más rápido que podía para ir a la universidad. Sabía que en las mañanas todo era un caos: el tráfico colapsaba y la gente se amontonaba en las paradas de buses para llegar a sus destinos. En ese momento, ella era una más entre la multitud.

Viajes cotidianos, destinos compartidos. Un día más en el transporte público.
Viajes cotidianos, destinos compartidos. Un día más en el transporte público.

Tuvo dificultades para subir al transporte, debido a la cantidad de personas, casi no la dejaban pasar. Si no fuera por su preocupación por llegar a tiempo, no lo habría logrado. Al final, no tuvo otra opción que tomar la última alternativa: pararse en la puerta del bus.


Colgada de la puerta quedé, y hasta el señor no pudo cerrarla porque yo estaba ahí, con medio cuerpo afuera — manifestó la afectada.


El tiempo transcurrió y, como pude, fui abriéndome paso entre los pasajeros hasta llegar al centro del bus. La tortura había terminado... o eso creía yo, hasta que alguien gritó: "¡Ladrón! ¡Ladrón!". Mi primer impulso fue revisar mi bolso, porque ahí tenía una cartera de mano y lo más importante, mi laptop. Por suerte, todo seguía allí. A quien le habían robado era a otra señorita. La gente empezó a hacer alboroto para atraparlo.


Para ese momento eran las 07:55. Ya no alcanzaba a llegar a mi destino a tiempo así que di por hecho que lo mejor era bajarme para buscar otra opción. Sin saber, que sería una mala decisión.

El conductor cerró las puertas para intentar contener al supuesto ladrón, y ahora, además de llegar tarde, estaba encerrada con gente que gritaba de todo. El tiempo pasaba y la hora de entrada a las clases se acercaba con rapidez, nadie se movía, nada avanzaba y yo estaba empezando a desesperarme.


No sé cómo sucedió, pero el ladrón escapo del trasporte, entre golpes e insultos de los pasajeros que querían contenerlo. Al ver que ya no podía hacer nada por ellos, el conductor siguió su camino por la calle principal.


El aire volvió a mis pulmones cuando vi mi parada, me bajé con rapidez para poder llegar lo más pronto posible a mis clases.


Deshidratada, despeinada, sin desayunar, y casi robada — murmullo Ivanna


Subía corriendo la gran colina que me separaba de mi facultad, mis ojos brillaron y un suspiro fuerte salió de mi cuerpo cuando observe el letrero con el nombre de mi carrera, entré a pasos ligeros al edificio y mi corazón empezaba a relajarse con cada uno de ellos.


Di un toque a la puerta de las clases, nada, luego un segundo, y tampoco se escuchó nada, mi mano se preparó para dar un tercero y las notificaciones de mi teléfono llamaron mi completa atención


Las clases se cancelan — la maestra informaba mediante el grupo de WhatsApp


Mis ojos repasaron el mensaje, releí y volví a releer, hice de todo por llegar a tiempo, me desesperé y sudé como nunca antes. Me dejé caer en una silla vacía y dejé salir una risa amarga, había vivido una auténtica odisea para nada.


Si hubieras estado en el lugar de Ivanna, ¿habrías tomado una decisión diferente? ¿Qué hubieras hecho para manejar mejor la situación? Te leo en los comentarios.


Viernes, 13 de junio del 2025.


Autoras: Allison Sigcho y María Armijos


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